sábado, 26 de septiembre de 2026

Leer el fuego

 (a Elisa Cayul, desaparecida en noviembre de 1977)

Los relojes parecen derretirse lentamente, quedar estirados, rompiendo la simetría circular que los contiene. Porque los cipreses pueden llegar a vivir mil años. Dalí tenía, en su locura, algo de razón, pienso, mientras miro un árbol que podría tener más de mil años. Y si fuera menos, da igual. Veo unas marcas antiguas, unos palos secos, rastros evidentes de un viejo incendio. En toda la zona se notan, si se sabe mirar, los árboles fantasmas. Los tocones, al ras del suelo, deformados por el fuego. No fueron talados, las líneas que los definen justamente llevan la indefinición de un fuego voraz. Si uno observa un poco mejor, caminando entre los arbustos, los yuyos, nota el posible recorrido de ese fuego pasado. Desde arriba, como hacía Dalí fingiendo ser dios, podría uno ver esa mancha que se va borrando lentamente. Un fuego antiguo, que no puede dejar de arder para quien puede leer el fuego. Es que el fuego está ahí, sigue vivo luego de haberse apagado. Ese fuego puede tener cincuenta, cien, o mil años. El árbol que estoy mirando, el árbol que puede tener mil años, es un sobreviviente de ese fuego, según deja ver sus claras ramas redondeadas, secas, y aun tiznadas. En sus deformidades se lo puede ver: ramas bajas que parecen salir disparadas sin la lógica general que le da forma a su copa.

Los relojes deformados de Dalí, sí. Es que el tiempo es una ilusión. Miro ese árbol y pienso que alguien durmió una siesta a su sombra. Veo los arbustos, el llantén, los manzanos, las lauras que crecieron y murieron a su alrededor, y ahora están volviendo a crecer, porque esa ilusión parece ser circular. Pasa una vaca pastoreando sus alrededores, veo pájaros ya muertos en sus ramas. Veo al árbol crecer, lenta pero inexorablemente. Sus ramas van estirándose contra el viento, tratando de mirar el sol, y su tronco se va hinchando, engorda desde abajo, busca hacia arriba su destino de leña. Bajo su sombra, Elisa Elvira Cayul pudo haber pasado hace muchos años. Ella también dejó esa marca que solo yo puedo ver en el árbol. Porque el tiempo es una ilusión, los relojes se ablandan y el pasado se hace presente de una manera insoportable. Cómo va a tener mil años un árbol. Cómo va a mostrarme, en las arrugas de su corteza, en los anillos interiores que lo conforman, todos los inviernos, todas las primaveras que vio. El tiempo es un árbol que tiene mil años, donde Elisa Elvira Cayul pasó alguna vez a sentir su sombra. El tiempo se detiene ahí para volverse ahora, para ser hoy. La memoria rompe la ilusión de que el tiempo se va. Ella pasó por acá y caminó hasta el arroyo, mojó sus pies cansados ahí, miró los cerros, la nieve ahí arriba, el zorro que andaba buscando qué comer. Ella se detuvo a mirar los coihues, que también son como los relojes blandos de Dalí, y pensó que el mundo debería ser un lugar mejor. Vio al Martín pescador pasando rasante sobre el agua. Ella es una idea, de la que formamos parte prácticamente todos. Somos una idea habitando el tiempo. El tiempo no se detiene: se pliega. Es un presente eterno. No hay pasado: el pasado es hoy, mientras Elisa va hasta la ruta para que alguien la lleve al pueblo, el pasado es hoy, que estoy mirando el árbol y escribiendo esto. El viaje hasta Trelew con José, el amor, los hijos, la ciudad de La Plata. Las discusiones, los cigarrillos, los sueños en mapuzungún, la Patria Liberada. El tiempo no pasó, nunca pasa, sólo es el árbol, que se ablanda, como los relojes de Dalí, mientras Elisa ve, con dificultad,  el Río de la Plata, desde el avión donde volará por primera y última vez, y a pesar de todo, piensa que es hermoso, que es eterno, mientras recuerda los cipreses, la sombra, el zorrito, sus hijos, el agua helada bajando por las piedras, el sol, este sol de ahora mismo, recuerda, sueña, soñamos, el tiempo, la mancha que dejó el fuego en los tocones muertos, el árbol que se convierte en leña que se convierte en árbol.

lunes, 13 de julio de 2026

Walsh, un satori criollo - para Revista Belbo

 


1 Operación Masacre, Ediciones de la Flor, 1972. Todas las referencias a esta obra corresponden a esta edición.

2 Maguna, Fidel, La pluma en la garganta, Rodolfo Walsh, biografismo y poética. Prólogo de Julián Axat, Editorial Punto de Encuentro, 2024

3 “No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga. Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte. Me siento insultado (…)” Ibid.

4 Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes, primera parte, capítulo 1. Edición del bicentenario, RAE.

5 Ibid 1.

6 Transcribo un breve párrafo, también del prólogo, donde realidad y ficción se mezclan y el uso del humor no parece estar vedado para Walsh: “Ésa es la historia que le oigo repetir ante el juez, una mañana en que soy el primo de Livraga y por eso puedo entrar en el despacho del juez (…) Entonces estamos todos avergonzados, me parece que el juez se conmueve y a mí vuelve a conmoverme la desgracia de mi primo.” (Las itálicas son mías).

7 El momento exacto es este: “¡Cruz no consiente / que se cometa el delito / de matar ansí un valiente!”, en el canto 9 de El gaucho Martín Fierro, de José Hernández.

8 Variaciones en Rojo, 1953. Las citas encabezan los cuentos “La aventura de las pruebas de imprenta” y el que le da nombre al libro.

9 Daniel, 5. 1-30, en el Antiguo Testamento.

10 En https://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/el-17-de-octubre-en-la-poesia-marechal-ocampo-y-lamborghini

11 En Operación Masacre ib, cap 25, “El fin de una larga noche”, página 51.

12 En https://es.wikipedia.org/wiki/Martiniano_Chilavert

13 Mientras voy revisando este texto, recuerdo la historia de Diego Lamagna, quien forma parte de los asesinados en la rebelión popular de diciembre de 2001. Diego tenía 26 años y era un conocido ciclista de freestyle. No creía en el sistema político, pero sentía una gran admiración por las Madres de Plaza de Mayo. Cuando el jueves 20 de diciembre vio por televisión que las reprimían, salió a la calle para defenderlas, y así se encontró con su destino. Murió después de haber sido herido en el pecho con un perdigón de plomo. Según testigos, le dispararon policías de civil desde una camioneta sin identificación en la ciudad de Buenos Aires. Estos datos fueron extraídos de informes de CORREPI y CELS.