martes, 28 de septiembre de 2010

Las muertes de Maurice Blanchot (IV)

Escribir es, quizá, no-escribir, reescribiendo –borrar (escribiendo por encima) lo que aún no está escrito y que la reescritura no sólo recobra, sino que restaura sosegadamente recobrándolo, obligando a pensar que había algo antes, una primera versión (rodeo) o, peor aún, un texto de orígenes y lanzándonos, así, en el proceso de la ilusión del desciframiento infinito.

Página 77

“El secreto siempre atractivo de la vida es que la vida, que para todos nosotros carece de secretos y que ha revelado todas sus posibilidades, sigue siendo atractiva. –Debido a su límite mortal. –Debido al límite del que no se sabe si la vida no sería lo que la muerte tiene por límite. De modo que, al vivir, conoceríamos el extremo límite del morir, siempre y cuando se atreviese la vida –los traveses de la vida- de forma ilimitada, de acuerdo con el deseo mortal. –Sí, eso es. En la vida y por el deseo de vivir, entramos en contacto con el límite que la muerte trata de romper sin lograrlo. La vida sería el entredicho de la muerte: ¿Entredicho a la muerte?, salvo en que el entredicho sería la muerte misma.”

Página 78


Libérame del habla demasiado larga.

Página 81


Escribir no está destinado a dejar huellas sino a borrar, por medio de las huellas, todas las huellas; a desaparecer en el espacio fragmentario de la escritura, más definitivamente de lo que se desaparece en la tumba; o también a destruir; a destruir de forma invisible, sin el estrépito de la destrucción.
Escribir de acuerdo con lo fragmentario destruye de forma invisible la superficie y la profundidad, lo real y lo posible, el arriba y el abajo, lo manifiesto y lo oculto. No hay, entonces, un discurso oculto que un discurso evidente preservaría, ni siquiera una pluralidad abierta de significaciones a la espera de la lectura interpretativa. Escribir al nivel del susurro incesante es exponerse a la decisión de una carencia que no se marca más que con un exceso sin lugar que resulta imposible situar, imposible distribuir en el espacio de los pensamientos, de los discursos y de los libros. Responder a dicha exigencia de escritura no es sólo oponer una carencia a una carencia o jugar con el vacío a fin de lograr algún efecto privativo, tampoco es sólo mantener o indicar un espacio en blanco entre dos o más afirmaciones-enunciaciones, ¿pero entonces? Quizás es, ante todo, conducir un espacio de lenguaje al límite a partir del cual retorna la irregularidad de otro espacio hablante, no hablante, que lo borra o lo interrumpe y al que sólo nos podemos aproximar gracias a su alteridad marcada con el efecto de borrarse.

Página 81




Del libro "El paso (no) más allá", Blanchot Maurice, 1994, 1° ed 1973, Trad. Cristina Peretti

3 comentarios:

trilceunlugar dijo...

!Qué descubrimiento vuestro blog!
Me ha encantado.
Un beso

ana y nico dijo...

Gracias!!

Peri Lope dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.