miércoles, 9 de noviembre de 2011

Interrupciones

Un blog comienza y luego ya no se sabe donde va a llegar. Con la idea de un proyecto uno arranca un poco fascinado con la posibilidad de ver sus textos de alguna manera "impresos". Más tarde uno va viendo que hay alguien en algún punto de este vasto mundo que ha leído lo que uno escribió, y esa sí que es una sensación rara: hay gente, por ahí, en algún lugar de, por ejemplo, Torrecillas o el Congo, el Barrio Latino o Calamuchita, que ha leído el texto que, humildemente, escribí. Gente qué, increiblemente, tiene una cara, un corazón, y vive su vida bajo el sol de Suecia o ve los atardeceres perderse en las costas de Australia. Es como que uno empieza a sentir cierta responsabilidad escrituraria, por decirlo de alguna manera, responsabilidad que es un poco más que un divertimento, pero que no deja de serlo (como bien debería ser toda escritura literaria).
Pero los proyectos van y vienen, las cosas se caen y se levantan, y quien sabe dónde terminarán estas páginas virtuales.
Quizá la falta de tiempo e incluso de ganas va a ir tornando éste blog, en una página con aún menos pretenciones que las que tenía, es decir, se va a permitir ciertas interrupciones donde, al modo quizá de las aguafuertes de Arlt, se publiquen cosas que no entren tanto en la crítica o en el placer de escribir algo sobre lo que se ha leído.
Volver, entonces, a la idea de continuidad de éste blog. Y lo que es peor (y quizá nefasto): sugerir que la idea de sumatoria de textos (acá, "entradas") producen fatalmente un escrito literario. Fatalmente también, esto va a tener que ver con la literatura, y cuando no, serán escritos con pretensiones de tal cosa. Por eso quizá "literatrofia": escribir es darle sentido al mundo, sí, pero tambien atrofiarlo, remover sus bajos fondos, revolucionar sus posibilidades. Algo así quizá debería ser el arte: una búsqueda contínua, un incesante embarrarse los pies contra una página sugerentemente blanca, blanca y virtual.

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